Sin ánimo de acometer las verdades de cuanto nos rodea, erijo al verbo como base del conocimiento para esgrimir los argumentos que bien parece ir demostrando la ciencia con la complejidad que caracteriza el desconocimiento sobre nosotros mismos y las trabas que ciertos sistemas establecidos ponen en su desarrollo manipulando el mismo verbo con el poder adquirido oportunamente tras el lógico proceso de la mente humana.
En realidad, si no fuera por la radicalidad y abuso de estos poderes establecidos, patente de ídolos incluido, creo que me daría absolutamente igual que mis congéneres se fijaran unos seres superiores a los que asir su esperanza en la vida pero el provecho que sacan de esta creencia y la imposición que pretenden -sobre todo no saliendo de la educación con sus sofismas- me enerva hasta límites insospechados. Es por eso que, a riesgo de parecer irrespetuoso a quienes desarrollan una fe pero sin ejercer un abuso con él y por las acometidas que los otros profesan, trataré de explicar otra forma de ver las cosas a quienes estén dispuestos a verlo. Por supuesto, sin ningún afán de traspaso de poder ni enriquecimiento, tan sólo de compartir conocimiento e inquietudes. Y, por ende, de manera breve.
En su origen, el ser humano se desarrolló a partir de partículas vivas que sobrevivieron al Big Bang (sí, ya sé, existen otras teorías pero mientras sólo sean eso yo también podré optar por la que quiera para ejemplarizar el contexto, nada más). Tal como suena. Luego, una sucesión de requisitos y condiciones permitieron que la vida evolucionara. Y no hay cuidado, todo volverá por el mismo curso y esto estallará de nuevo y nuevas partículas proseguirán el mismo procedimiento. Y en eso, nada tiene que ver ningún dios, sea del origen que sea. El ser humano volverá a atemorizarse por los cambios climáticos, o por los movimientos sísmicos, o por el vuelo de las aves, o por cualquier cosa que desconozca en su momento… Si acaso se dan las condiciones de que el ser humano se desarrolle, al menos como lo conocemos a día de hoy. Tal vez, podría denominarse como ser con capacidad de inteligencia. Hay que tener en cuenta la capacidad de adaptación que cada ser vivo y, en base a ello, su forma, así como sopesar la posibilidad de que no sepamos cómo puede ser la inteligencia desarrollada en otro entorno.
Efectivamente, somos una consecuencia de lo que globalmente conocemos por naturaleza. ¡Ese es el verdadero desarrollo! Disculpad si os desanimo pero nada somos, fragmentos enésimamente insignificantes que, en grupo, estamos siendo capaces de acelerar todo proceso de destrucción que nos guíe antes a un final que, sin estar escrito (tal vez sí con estas palabras,… es broma, claro) tiene su camino natural.
Entiendo que sea difícil de asimilar que cuando morimos se acabó todo. Supongo que la mayor parte de las mentes necesitan creer que la conciencia subsiste al cuerpo pero yo no puedo creerlo y, lejos de deprimirme, lo enfoco hacia el crecimiento de mis pensamientos en lo que conocemos positivamente, vanagloriándome de lo que soy capaz a día de hoy, a sabiendas de que lo mío desparecerá conmigo y, a fin de cuentas, nada es. De verdad, no le veo la pena a esto por ningún lado aunque sí cierta incertidumbre para mi progenie. Sin embargo, creo que todo es cuestión de evolucionar más hacia la confianza.
Todo esto es más demostrable que la existencia de cualquier ser superior. Bien está que en la engreída banalidad del ser humano se haya ensalzado a personajes históricos como Jesús, Mahoma o Buda, por poner sólo algún ejemplo, por la supuesta ejemplaridad de sus vidas o hechos, igual que se podría haber tomado la referencia de Sócrates, Madame Curie, Gandhi o Sinuhé, para aferrarse a una esperanza de enseñanza y cumplimiento con el que conseguir los propósitos de perdurabilidad de la conciencia.
De verdad, lo tengo tan claro que disfruto emocionado de cada segundo que vivo con un entusiasmo vital. Es todo cuestión de educación, así es la mente humana. Todo está en lo que seas capaz de utilizar de tu mente y cómo. Si desde crías nos educaran dogmatizándonos para creer en dragones azules con poderes misteriosos, creeríamos en ello de igual manera que se puede creer en lo que te han educado. Efectivamente, tendemos a ser esclavos de una educación diseñada para la producción y el inmovilismo, principalmente.
Sé de la inteligencia de los teólogos, sólo confío en que algún día se les despierte la conciencia que manipulan y posean la buena fe que enseñan, aunque cueste dirigirse al camino de la represión.
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