martes, 27 de noviembre de 2018

Antes de hacerme viejo

Yo no nací solo, hasta para eso me tuvieron que ayudar, y como muestra de ello llevo una cicatriz en la frente y mi madre en su vientre. Pronto se me dio la metáfora de lo que sería mi vida a modo de anécdota: tratando de hacer entrar en calor a mi hermano en la cuna, arrimé una estufa y acabé quemando la manta. Entonces ni leía ni mucho menos sabía qué era leer y qué se podía leer. Supongo que me dejé llevar, como todos.

Yo fui un niño. Supongo que vi morir al dictador aunque no lo recuerdo; sin embargo, sí tengo vagos recuerdos de la fiesta que supuso entrar en la democracia de las elecciones y de participar de la emoción que no entendía pero que supo transmitir mi padre. También puedo asegurar que me impactó más la muerte de mi abuela lejos de casa que el golpe de estado en la ciudad de al lado... pero percibí tensión en ambos momentos. Por aquel entonces, leía por obligación, no sabía que podía leer sin obligaciones y, por supuesto, odiaba leer porque era lo que se llevaba.

Yo fui adolescente. Alguna cicatriz da muestras de ello, así como mi tremenda ignorancia. No quiero decir que todos los adolescentes de mi época fueran así, ahí está mi hermano, pero yo sí fui así y dejé los estudios, y me puse a trabajar. Y empecé a leer. Y como había oído hablar de que Nietzsche, de que Sartre, de que Platón, de que Marx,... me metí entre pecho y espalda toda la náusea del bien y del mal que hay en la economía de ciertos banquetes. Y creo que apuntaba maneras pero no supe digerir tantas contradicciones.

Yo fui joven y me marché. Y soñaba aún. De hecho, volé de flor en flor sin percatarme de lo que marchitan los pólenes que no caen al suelo. Probé, porque me convencí de que no había otro modo de que yo aprendiera, cada elixir que me dijeron que era elixir... y hablo en general, desde la autoridad que me otorga no saber de nadie que haya perdido tantas veces las alas y creer que sigue volando... y habrá más personas así, no digo que no, pero no nos conocemos, lo cual marca cierto status entre nosotros y nosotras.

Soy adulto. Sé que soy un esclavo de la sociedad establecida pero disimulo pintándole alas a mijita y contándola los cuentos al revés. También sé reconocer lo mal que hago muchas cosas, algo tenía que aprender. He abandonado las tradiciones porque un día me puse a revisarlas con conciencia. Leo como medio centenar de libros al año y cientos de artículos; es lo bueno que tiene estar solo, después de todo lo malo. Supongo que no he olvidado amar porque me ama. He convertido mi sueño en un discurso político. Y sé que mi ignorancia está repleta de huecos sin tiempo para cubrirlos.

No me des la razón, significará que estás perdido o perdida, y yo sólo trataba de decirte que he hecho otra canción... antes de hacerme viejo.