lunes, 19 de marzo de 2018

Prisión para el sol

Que una asociación de abogados cristianos, la fundación Tomás Moro o toda la jerarquía eclesiástica defiendan e impulsen actos para tratar de defender lo que creen que es suyo, puede entenderse como legítimo aunque estén equivocados.

Lo que no es de recibo es que los diferentes gobiernos de un país, su sistema judicial y, por extensión, el resto de instituciones públicas rijan sus actos por una creencia no probada, máxime cuando la ciencia ha desmontado la mayor parte de esas creencias… Con pruebas.

La suspicacia me lleva a relacionar la falta de inversión en la ciencia con el exceso de celo y de inversión por los gobiernos hacia la religión.

La ciencia no es una creencia: es el resultado de la evolución del conocimiento; es el desarrollo del conocimiento; es la capacidad de seguir investigando;…. ¿Pruebas? Tus gafas, tu calzado, tu móvil,... y, sí, también la exploración del universo o los resultados de la antropología. El hecho de que no puedas ver un átomo es más por falta de oportunidades (“quiero creer”) que de tener que creer en ello. Por supuesto (y por fortuna) que no hay respuesta para todo, hay que ser engreíd@ para pensar que podemos saberlo todo.

La religión es, entre otras muchas cosas, el negocio de la fe sin cuestionamientos y ese engreimiento por falta de pruebas antes citado.

La neurobiología ha demostrado lo falaz de lo que la legislación vigente llama "sentimiento religioso" y el sistema judicial, lejos de aplicarse al conocimiento, se deja llevar por la creencia establecida, aplicando los artículos a nivel tradición en lugar de instruirse en la evolución y el aprendizaje (reciclaje de conocimientos, "creo" que se llama), con el consiguiente daño retrógrado a que esta aplicación implica… Y así nos va.

Se ha tomado, además, la tónica general de que sea la razón quien haya de estar probando continuamente el conocimiento, como si todo lo que afecte a la destrucción de falsas creencias estuviera expuesto a la memoria de un pez luchando contra la memoria de elefante que la educación religiosa impuesta otorga a la mente.

Al paso que vamos, llegará el momento en que se presente una querella al sol por no ser el dios que se pensó que era en un principio y el juzgado de turno lo aceptará a trámite imponiendo, además, una condena de prisión preventiva al mismo, para evitar que se fugue a otra galaxia, por faltar a los sentimientos religiosos más ancestrales.

jueves, 1 de marzo de 2018

Spam interstelar


He recibido un correo electrónico bastante desconcertante, dimanante de una dirección larga e ininteligible y con unos caracteres extraños que jamás había visto; supongo que, por eso, se guardó automáticamente en una carpeta del mismo en la que pone “spam”. Sin embargo, con ímpetu arqueológico, he decidido rescatarlo con el fin de descifrarlo.

Aunque el traductor de google no ha sido capaz de detectar automáticamente el idioma en el que ha sido escrito, sí me ha dado, sin embargo, algunas pistas sobre su contenido y, lo que es más importante, la ubicación aproximada del remitente.

El mensaje viene a decir:
“Por favor, habitantes de la tierra:
dejad ya de explorar estrellas, meteoritos y planetas; de enviar poemitas al espacio y colmarlo de plegarias; y de iluminar vuestro cielo que también es nuestro aunque desde otra perspectiva. Si no nos hemos puesto en contacto con vuestro planeta es porque os hemos calado de lejos y sabemos vuestras intenciones.
No estáis dejando nada de espacio para adquirir la energía que necesitamos los que habitamos en otros universos y, a buen seguro, contaminaréis y corromperéis cualquier suelo que seáis capaces de pisar, por no hablar de la inflación a que lo someteréis.
Por estos lares tampoco hay dioses ni falta que nos hacen así que quedároslos en vuestro planetita.
Y dejad de meter las narices en los agujeros negros que nosotres también necesitamos intimidad.
Gracias de antemano. Atentamente: ET desde mi casa”.

La verdad, aún estoy desconcertado. Ni siquiera pretendía venderme un libro o un viaje con descuento.