miércoles, 10 de diciembre de 2025

Despedida a Robe

Esta mañana, 10 de diciembre de 2025, demasiado temprano, caminando bajo la intensa lluvia, la radio me ha dado la bienvenida al temporal y me he llevado un palo cuando Juan Ramón Lucas me ha anunciado que Robe había fallecido. He tenido que pararme para digerir lo que mis oídos estaban recepcionando, el fin del viaje íntimo de la locura...
¡Agila! He llamado a María Teresa, mi pareja, para expresarle la inmensa tristeza que acababa de embargarme. Mijita me ha mandado, al poco rato, un WhatsApp para ver cómo estaba… ¡qué destrozares, qué pedrá!
Acostumbrado, como nos tenía Robe a los fieles de esta minoría absoluta, a esos huecos en la cotidianeidad del material defectuoso de canciones prohibidas, a sobrevivir con las largas ausencias de la poesía básica, es pronto para echarle de menos, máxime cuando nos ha dejado este 2025 un pequeño botín con su última colaboración, esta vez con Leiva (espero que sea consciente de lo afortunado que es por ello)…
Quizás, dentro de tres, cuatro o seis años, sea cuando miremos para atrás y nos preguntemos dónde están nuestros amigos y duela más ser conscientes de que ya no va a llegar ninguna referencia más para todos los públicos a la que aferrarse en medio de esta sociedad con las mentes social-adomercidas, sin una garganta que retumbe las montañas con sus palabras aleteando en nuestras cabezas.
Que la tierra le haya sido leve. Ahora, ya, nada. A fin de cuentas “¡qué importa que me engañes si luego me sonríes! ¡qué importa ser poeta o ser basura!... anoche pasé frío y quedó mi libertad de amor helada (M. Chinato)”.
La realidad que necesito se ha ido detrás de ese culito y me quedo en esta calle sin salida, en este bar cansado ya de despedidas, agradeciendo la obra mayéutica de Robe que, en su conjunto, ha adquirido para mí un interludio transgresivo, como animales que somos, con varios movimientos en su trayectoria, la trayectoria, por ende, de muchas personas, y con esta coda tan inesperada como irreversible que conforma (y confirma) la ley innata de la vida.
Y, ahora que se nos lleva el aire, iros todos a tomar por culo… deltoya, no te jode.