Jugando a los destinos me perdí en el abismo de mis propósitos mientras descendía por el tobogán de un sucio arco iris prendido de un mástil.
La casa de los empeños me sobrevaloró, todo hay que decirlo, y me cotizó más alto que mi virtud. El cambalache fue por una soga donde se ha secado el gris destino antes que la ceniza.
A la viuda de los gatos ya nadie la recuerda por sus méritos como docente. En su medalla restañada tan sólo reluce alguna que otra mella.
Cuando el hámster escapó de aquella jaula con la noria blanquinegra vectorial todo se convirtió en un círculo vicioso.
Mi prosa no es más que el vómito ensangrentado de mis versos.
¿Has visto mi sombra? No, no hay sombras lo suficientemente oscuras que sean capaces de pensarme.
Si preguntas, cada uno tiene su paleta para el pasado: Unos pintan sombras, otros usan tonos encarnizados, algunos buscan la pureza,… incluso los hay que no se atreven a usar sus propios pinceles.
Sólo quise hacer un ensayo teológico pero me faltaron pruebas.
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