martes, 21 de febrero de 2017

Breve demagogia de la distancia

Vivo en la distancia. Mi equipaje es el camino que recorro. No estoy lejos ni cerca. No deshago ni guardo la maleta. Mi mente siempre está dispuesta a seguir a mi cuerpo y, cuando es necesario, lo arrastra.

El resto son fotografías en blanco y negro, llamadas perdidas sin identificador, visitas agradecidamente fugaces, recuerdos tergiversados,…

La distancia me ha aportado todo lo que tengo y esto es, en definitiva, lo que soy. Con ella he aprendido que bailando el olvido no existe el rencor, que mi casa no es un hogar, que volver es más que un tango, que el viento siempre sopla, que los dogmas son contingencias, que las heridas matan si no cicatrizan, que las inquietudes son cosquillas en el corazón o que pesa menos la incertidumbre que el valor.

Me gusta levantar el vuelo, hasta me parece una frase llena de poesía y sentido aunque también será importante saber aterrizar, supongo.

La distancia ha sido mi educación básica y la moneda con la que he pagado mi inquietud.

Quizá la verdad esté en mi continua huida… de mí.

Distancia tiene nombre de cariño en peligro de extinción, de los besos olvidados, del abrazo de la despedida, de las lágrimas de la sonrisa, de esta letanía demagógica, de quien escribe,…

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