He de procurar soportar el peso de tus palabras sobre mi conciencia en el mismo punto, infinitamente escueto e imposible para el equilibrio, en el que no soy vulnerable de tu opinión. Como sujetar una gota de agua sobre la punta de la aguja que encontré en un pajar después de dar contigo.
Y mientras, tú estás tranquila a sabiendas de que terminaré pasando por el estrecho ojo cuando tú quieras para zurcirte cualquier otro descosido.
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