No existe ni ha existido jamás dios alguno. La tecnología, la ciencia, la ingeniería,… tal vez dispongan uno de verdad para el futuro. El único “pero” será ver quién dispone el manejo de los hilos y los criterios.
Sería muy fácil persistir en la idea de que el dinero es el dios que impera sobre todo lo demás y no sería una afirmación vana ni, me temo, demagógica. Pero prefiero, quiero, necesito pensar que sobre el bastión de la humanidad reposa un sentimiento de afinidad entre las especies que descansa sobre unos cimientos de conciencia y no que sean una trinchera para cuatro nostálgicos donde la cordura se defiende de la avaricia insensata.
En fin, la razón por la que hay escritores, introspectivas aparte, es por la carencia de destinos escritos.
Y digo bien, es una nota para incrédulos, para los que aún no creen que esto es así. Incrédulos son los que creen en algo equivocado, pese a lo que digan los académicos de las lenguas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario