Artículos de Juan Calle
miércoles, 10 de diciembre de 2025
Despedida a Robe
martes, 27 de noviembre de 2018
Antes de hacerme viejo
viernes, 28 de septiembre de 2018
Ciencia y filosofía
La ciencia estudia la filosofía, se ha nutrido de ella para explorar campos. La filosofía, la buena filosofía, ha generado puertas por las que tratar de acceder la ciencia. Ambas deberían seguir el curso natural de las cosas con esta premisa pues, por decirlo de alguna manera, la filosofía es el estudio y la ciencia es el campo. ¡Ojo! la filosofía debe ser el estudio basado en los resultados de campo; sin embargo, la ciencia puede entrar por puertas no desveladas por la filosofía.
Tratar de que un filósofo sin conocimientos de los resultados neurobiológicos explique el comportamiento del ser humano o de los delfines (aunque en esto último rara vez se mete la filosofía) no lleva a ninguna parte.
Sin embargo, el problema real lo detecto cuando algunas personas dedicadas a la ciencia, especialmente a la divulgativa, están tratando de abrazar la filosofía, sobre todo, desde aquellos pensamientos de la ilustración en los que todo se cuestionaba olvidando, quizás, que la mayor parte de aquellas cuestiones ya han sido resueltas. Y para ello, como estudio, claro, hay que retrotraerse hasta Sócrates. Veo el problema en que esto es una vuelta atrás pues hay misticismos que ya habíamos superado y, sin embargo, algunas de estas personas se vuelven a meter en la pecera y a plantearse aquellos términos que no reflejaban más que el resultado de nuestro desconocimiento con el ansia de conocer y resurgen los planteamientos del alma, del espíritu y otras banalidades. Como muestra, un botón, pero no voy a dar nombres: hay una persona que tiene un canal divulgativo donde venía desarrollando las noticias rigurosamente científicas (a veces, dadas mis limitaciones, me costaba seguirlo) y parece que ha regresado de las vacaciones en un estado místico que han sumergido su canal en una pecera.
No entiendo el complejo de la filosofía ni el paso atrás de algunas personas científicas. Supongo que llevar tanto tiempo anclados en los dilemas de las dimensiones, las teorías de cuerdas, la gravedad cuántica de bucles, etc., termina pasando factura y se buscan soluciones que se habían dispersado ya de las mentes serias de la ciencia. Entiendo que hemos recibido, la mayoría, una educación repleta de contradicciones pero una vez que tomamos rienda de nuestras mentes, el paso ha ser siempre hacia la resolución o el planteamiento de nuevas posibilidades, no volver atrás.
Cuando hablo de filosofía, me refiero, obviamente, a la seria. A la que ha de aplicarse desde el conocimiento demostrado para plantear (quizás resolver) planteamientos éticos de comportamiento, quizás, resoluciones justas de las que se carece en el sistema judicial, tal vez, o a la que puede apreciar ese detalle que se escapa en un estudio científico que puede ser capaz de demostrar por qué no se conectan bien algunas neuronas en la generalidad. Pues existe, como en la ciencia y casi podemos decir que por las mismas ramas, la seudofilosofía. Las personas serias de la ciencia detectan enseguida la seudociencia pero algunas parecen andar algo extraviadas con las derivadas engañosas de la filosofía.
Sucede también que, desde que somos próceres mentalmente, nos separan los campos del aprendizaje, tal vez para ir digiriéndolo mejor pero no hace más que estigmatizar el conocimiento global a favor del parcial. Suspicacias aparte, a la vista están los resultados, no es difícil escuchar: no, es que yo soy de letras; o, no, es que yo soy de matemáticas; o, no, es que yo soy de ciencias.
No pretendo hacer de celestina entre la filosofía y la ciencia. Ni tampoco tratar de decirle a nadie lo que ha de hacer. Mi posición queda clara: la ciencia ha bebido de la filosofía en su debido momento y, una vez que los medios han conseguido desvelar la mayor parte de las conjeturas por las que la filosofía destacó, es hora de invertir los factores si, de verdad, queremos dar con el producto exacto o, cuanto menos, más adecuado (dicho en término más filosófico, of course). Sin ir más lejos, lo que conocemos como ciencia ficción es una forma de filosofía, la cual también tiene un amplio campo de estudio dentro de lo que en ciencia se conoce como falsabilidad.
En la ilustración, se suponían muchas cosas y los había de toda clase de creencias, pero tenían presente que la ciencia sería el resultado de sus estudios y que, en el futuro (el de aquellos filósofos, claro) el resultado de sus divagaciones sería una ciencia más seria que permitiría a las personas no caer en falsas creencias y supersticiones.
Todo esto, obviamente, sólo lleva el propósito de aportar algo a tu planteamiento.
Al fin y al cabo, somos personas, nada más.
lunes, 18 de junio de 2018
La educación mental
martes, 8 de mayo de 2018
Día de la madre
A mi madre la raptaron, azotaron y violaron hasta darla por muerta en el desarrollo de una guerra que nadie alcanza a justificar. Por mis rasgos, eran extranjeros aunque carezca de sentido porque del exterior sólo vino ayuda. Ella sólo dejó desprender una lágrima de sus ojos porque, sin duda, era algo que ya había visto antes.
Mi madre murió años más tarde por una bala que se cruzó en su camino mientras regresaba a nuestro refugio con algo de provisiones que había conseguido. Tendida en el suelo, nunca cerró los ojos con la mirada fija hacia la penumbra del hueco tras el que sabía que yo la observaba, muda de miedo, mientras dejaba escapar su última lágrima que guardaba para mí.
Mi pánico y las manos adultas de otras personas del refugio amordazando mi dolor sólo me permitieron derramar una lágrima por ella.
Con los adultos del refugio, emprendí una huida sin dirección ni cuestionamientos hasta llegar a un mar que veía por primera vez, donde subimos a una pequeña barca después de una fuerte discusión con el barquero. A pocas millas de tierra, la barca se hundió pero no había nadie que me tuviera como preferencia, a pesar de no saber nadar, para tratar de salvarme que no se estuviera hundiendo también. Allí fue el agua lo que se ocupó de callar mi grito.
Mientras me ahogaba, recordé que me quedaba una lágrima y me agarré a ella durante mi naufragio.
Si buscas un final feliz sólo tienes que encontrar el brillo que se escapó de mi lágrima, confundida con el reflejo del sol en el lecho del mar.
Ahora vas y me haces un poema.