Abordar la ciencia y la filosofía desde el punto de vista de alguien que es profano en ambas materias puede generar indiferencia, en el mejor de los casos. Pero vengo escuchando y leyendo un auge de enfrentamiento entre ambas materias que me llama la atención y como soy una persona y por ello considero que ambas han de estar para resolverme las cuestiones, expongo mi forma de pensar.
La ciencia estudia la filosofía, se ha nutrido de ella para explorar campos. La filosofía, la buena filosofía, ha generado puertas por las que tratar de acceder la ciencia. Ambas deberían seguir el curso natural de las cosas con esta premisa pues, por decirlo de alguna manera, la filosofía es el estudio y la ciencia es el campo. ¡Ojo! la filosofía debe ser el estudio basado en los resultados de campo; sin embargo, la ciencia puede entrar por puertas no desveladas por la filosofía.
Tratar de que un filósofo sin conocimientos de los resultados neurobiológicos explique el comportamiento del ser humano o de los delfines (aunque en esto último rara vez se mete la filosofía) no lleva a ninguna parte.
Sin embargo, el problema real lo detecto cuando algunas personas dedicadas a la ciencia, especialmente a la divulgativa, están tratando de abrazar la filosofía, sobre todo, desde aquellos pensamientos de la ilustración en los que todo se cuestionaba olvidando, quizás, que la mayor parte de aquellas cuestiones ya han sido resueltas. Y para ello, como estudio, claro, hay que retrotraerse hasta Sócrates. Veo el problema en que esto es una vuelta atrás pues hay misticismos que ya habíamos superado y, sin embargo, algunas de estas personas se vuelven a meter en la pecera y a plantearse aquellos términos que no reflejaban más que el resultado de nuestro desconocimiento con el ansia de conocer y resurgen los planteamientos del alma, del espíritu y otras banalidades. Como muestra, un botón, pero no voy a dar nombres: hay una persona que tiene un canal divulgativo donde venía desarrollando las noticias rigurosamente científicas (a veces, dadas mis limitaciones, me costaba seguirlo) y parece que ha regresado de las vacaciones en un estado místico que han sumergido su canal en una pecera.
No entiendo el complejo de la filosofía ni el paso atrás de algunas personas científicas. Supongo que llevar tanto tiempo anclados en los dilemas de las dimensiones, las teorías de cuerdas, la gravedad cuántica de bucles, etc., termina pasando factura y se buscan soluciones que se habían dispersado ya de las mentes serias de la ciencia. Entiendo que hemos recibido, la mayoría, una educación repleta de contradicciones pero una vez que tomamos rienda de nuestras mentes, el paso ha ser siempre hacia la resolución o el planteamiento de nuevas posibilidades, no volver atrás.
Cuando hablo de filosofía, me refiero, obviamente, a la seria. A la que ha de aplicarse desde el conocimiento demostrado para plantear (quizás resolver) planteamientos éticos de comportamiento, quizás, resoluciones justas de las que se carece en el sistema judicial, tal vez, o a la que puede apreciar ese detalle que se escapa en un estudio científico que puede ser capaz de demostrar por qué no se conectan bien algunas neuronas en la generalidad. Pues existe, como en la ciencia y casi podemos decir que por las mismas ramas, la seudofilosofía. Las personas serias de la ciencia detectan enseguida la seudociencia pero algunas parecen andar algo extraviadas con las derivadas engañosas de la filosofía.
Sucede también que, desde que somos próceres mentalmente, nos separan los campos del aprendizaje, tal vez para ir digiriéndolo mejor pero no hace más que estigmatizar el conocimiento global a favor del parcial. Suspicacias aparte, a la vista están los resultados, no es difícil escuchar: no, es que yo soy de letras; o, no, es que yo soy de matemáticas; o, no, es que yo soy de ciencias.
La ciencia estudia la filosofía, se ha nutrido de ella para explorar campos. La filosofía, la buena filosofía, ha generado puertas por las que tratar de acceder la ciencia. Ambas deberían seguir el curso natural de las cosas con esta premisa pues, por decirlo de alguna manera, la filosofía es el estudio y la ciencia es el campo. ¡Ojo! la filosofía debe ser el estudio basado en los resultados de campo; sin embargo, la ciencia puede entrar por puertas no desveladas por la filosofía.
Tratar de que un filósofo sin conocimientos de los resultados neurobiológicos explique el comportamiento del ser humano o de los delfines (aunque en esto último rara vez se mete la filosofía) no lleva a ninguna parte.
Sin embargo, el problema real lo detecto cuando algunas personas dedicadas a la ciencia, especialmente a la divulgativa, están tratando de abrazar la filosofía, sobre todo, desde aquellos pensamientos de la ilustración en los que todo se cuestionaba olvidando, quizás, que la mayor parte de aquellas cuestiones ya han sido resueltas. Y para ello, como estudio, claro, hay que retrotraerse hasta Sócrates. Veo el problema en que esto es una vuelta atrás pues hay misticismos que ya habíamos superado y, sin embargo, algunas de estas personas se vuelven a meter en la pecera y a plantearse aquellos términos que no reflejaban más que el resultado de nuestro desconocimiento con el ansia de conocer y resurgen los planteamientos del alma, del espíritu y otras banalidades. Como muestra, un botón, pero no voy a dar nombres: hay una persona que tiene un canal divulgativo donde venía desarrollando las noticias rigurosamente científicas (a veces, dadas mis limitaciones, me costaba seguirlo) y parece que ha regresado de las vacaciones en un estado místico que han sumergido su canal en una pecera.
No entiendo el complejo de la filosofía ni el paso atrás de algunas personas científicas. Supongo que llevar tanto tiempo anclados en los dilemas de las dimensiones, las teorías de cuerdas, la gravedad cuántica de bucles, etc., termina pasando factura y se buscan soluciones que se habían dispersado ya de las mentes serias de la ciencia. Entiendo que hemos recibido, la mayoría, una educación repleta de contradicciones pero una vez que tomamos rienda de nuestras mentes, el paso ha ser siempre hacia la resolución o el planteamiento de nuevas posibilidades, no volver atrás.
Cuando hablo de filosofía, me refiero, obviamente, a la seria. A la que ha de aplicarse desde el conocimiento demostrado para plantear (quizás resolver) planteamientos éticos de comportamiento, quizás, resoluciones justas de las que se carece en el sistema judicial, tal vez, o a la que puede apreciar ese detalle que se escapa en un estudio científico que puede ser capaz de demostrar por qué no se conectan bien algunas neuronas en la generalidad. Pues existe, como en la ciencia y casi podemos decir que por las mismas ramas, la seudofilosofía. Las personas serias de la ciencia detectan enseguida la seudociencia pero algunas parecen andar algo extraviadas con las derivadas engañosas de la filosofía.
Sucede también que, desde que somos próceres mentalmente, nos separan los campos del aprendizaje, tal vez para ir digiriéndolo mejor pero no hace más que estigmatizar el conocimiento global a favor del parcial. Suspicacias aparte, a la vista están los resultados, no es difícil escuchar: no, es que yo soy de letras; o, no, es que yo soy de matemáticas; o, no, es que yo soy de ciencias.
La filosofía llevaba ya un tiempo buscando su sitio y me sorprende que no hayan sido capaces de ponerse al servicio del conocimiento, salvo que sea por una resistencia de mantener el estatus de prestigio que les ha caracterizado. La ciencia, por su parte y como ya he dicho, lleva prácticamente un siglo anclada en el campo de la física pero, sin embargo, la prácitca totalidad del resto de las ramas de la ciencia han devorado las dudas con respuestas probadas a un ritmo vertiginoso, hasta el punto de que la mayor parte de los resultados probados aún no se imparten en los centros educativos, reticentes a aplicarlo por conveniencia de los gobiernos, ya que la mayor parte de esos conocimientos normalizarían comportamientos en el grueso de la población que no conviene a gobernantes, como es el de pensar y razonar autónomamente.
No pretendo hacer de celestina entre la filosofía y la ciencia. Ni tampoco tratar de decirle a nadie lo que ha de hacer. Mi posición queda clara: la ciencia ha bebido de la filosofía en su debido momento y, una vez que los medios han conseguido desvelar la mayor parte de las conjeturas por las que la filosofía destacó, es hora de invertir los factores si, de verdad, queremos dar con el producto exacto o, cuanto menos, más adecuado (dicho en término más filosófico, of course). Sin ir más lejos, lo que conocemos como ciencia ficción es una forma de filosofía, la cual también tiene un amplio campo de estudio dentro de lo que en ciencia se conoce como falsabilidad.
En la ilustración, se suponían muchas cosas y los había de toda clase de creencias, pero tenían presente que la ciencia sería el resultado de sus estudios y que, en el futuro (el de aquellos filósofos, claro) el resultado de sus divagaciones sería una ciencia más seria que permitiría a las personas no caer en falsas creencias y supersticiones.
No pretendo hacer de celestina entre la filosofía y la ciencia. Ni tampoco tratar de decirle a nadie lo que ha de hacer. Mi posición queda clara: la ciencia ha bebido de la filosofía en su debido momento y, una vez que los medios han conseguido desvelar la mayor parte de las conjeturas por las que la filosofía destacó, es hora de invertir los factores si, de verdad, queremos dar con el producto exacto o, cuanto menos, más adecuado (dicho en término más filosófico, of course). Sin ir más lejos, lo que conocemos como ciencia ficción es una forma de filosofía, la cual también tiene un amplio campo de estudio dentro de lo que en ciencia se conoce como falsabilidad.
En la ilustración, se suponían muchas cosas y los había de toda clase de creencias, pero tenían presente que la ciencia sería el resultado de sus estudios y que, en el futuro (el de aquellos filósofos, claro) el resultado de sus divagaciones sería una ciencia más seria que permitiría a las personas no caer en falsas creencias y supersticiones.
¿Que esto se acerca más a la filosofía que a la ciencia? No hace falta ser una celebridad mental para darse cuenta, pero obsérvese que cumplo con lo que exijo y (lo trato, al menos) me pongo al servicio de esas personas científicas que parecen querer extraviarse entre las ondas flotantes del universo que no cumplen con nuestras exigencias.
Todo esto, obviamente, sólo lleva el propósito de aportar algo a tu planteamiento.
Al fin y al cabo, somos personas, nada más.
Todo esto, obviamente, sólo lleva el propósito de aportar algo a tu planteamiento.
Al fin y al cabo, somos personas, nada más.
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